Brasil se despidió del Mundial con dos derrotas consecutivas
Holanda acaba de dejar sin podio a Brasil y nadie le sorprende. Tampoco impresiona que con el 0-3 el Scratch acumule por primera vez 14 goles en contra en los mundiales o que pierda dos partidos consecutivos desde Alemania 74. Ya no existen peores cosas imaginables para este pésimo anfitrión que termina su Copa con un cuarto lugar que tiene el mismo valor que el último puesto.
El resultado del sábado en Brasilia fue la consecuencia lógica para un equipo partido en mil pedazos tas la paliza alemana (7-1). Las variantes de Scolari -Dante, Marcelo, Fernandinho, Bernard, Hulk y Fred fueron al banco- solo maquillaron en nombres a un once fraccionado en defensa y ataque. Felipao no corrigió ninguno de los errores que tuvo en toda la Copa, con laterales pasando al ataque al mismo tiempo, con centrales obligados a ganar en el mano a mano (ayer ni Thiago ni David Luiz pudieron con la velocidad de los holandeses), con Oscar como único motor creativo en un mediocampo más preparado para la lucha que para ir al ataque.
Brasil, durante toda la Copa, fue inspiración individual o chispazos de alguno de sus jugadores. Pero sin Neymar fue un once desastroso, caótico, sin ningún sentido colectivo del juego. A ello le sumó su pobre capacidad de reacción. Ayer otra vez se derrumbó tras el temprano gol de penal de Van Persie (3') y a los 17', tras el 2-0 de Blind, todos presagiamos otro terremoto de grandes magnitudes.
Para suerte del equipo de Scolari, Robben y los suyos bajaron la velocidad para dejar que la máquina naranja caminara solo en automático, lo suficiente incluso para llegar con facilidad al arco de Julio César.
Brasil siguió apostando por las solitarias proyecciones de Maicon, que terminó chocando con la zaga europea, y las fintas de Oscar, quien dejó inconclusos todos sus intentos ofensivos por falta de socios.
La otra cara de la moneda fue Holanda, que pese a ser criticado por su propuesta de contragolpe tuvo en el banco a un técnico que armó su lista de convocados no solo pensando en un once base, sino en todas las variantes posibles que potencien el rendimiento del equipo. No es casualidad qeu Van Gaal haya recurrido a sus 23 jugadores sin que su selección se haya visto mermada futbolísticamente ni físicamente, incluso si se iban por tercera vez consecutiva a tiempo suplementario (Robben terminó más fresco que cualquier brasileño).
Así se despidieron Scolari y su equipo. Goleados, humillados, insultados… en un cuarto oscuro del que nadie quiere verlos salir.
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